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Carlos Payares González

El mutismo reverente

El pasado Consejo Comunitario en Ciénaga se convirtió en un buscapiés para el gobierno municipal de Ciénaga. Después de varios e inexplicables aplazamientos y de esperar la comunidad durante más de un año salimos con un “chorrito” de propuestas y un mar de silencio. Muchos temas fueron enmudecidos y otros tratados a última hora. Sólo en ciertos momentos se asumió el rol deseado por los funcionarios y los asistentes. En contraste, el señor Gobernador del Departamento del Magdalena y algunos funcionarios de otros municipios se sirvieron a boca llena ante el impertérrito mutismo deslumbrante de buena parte de los funcionarios cienagueros. Hubo más declaraciones de amor sensiblero por la pequeña patria que proyectos presentados. Faltó agudeza y energía. Fuimos escasamente propositivos como acostumbra decir el Secretario de Educación municipal. Una peripatética realidad que al no poder taparse con los dedos de la mano, ha ocasionado que algunos ciudadanos libremente se hayan declarado descontentos y preocupados por lo acontecido. ¿Novatada?

Lo que sí debemos tener claro es que el Consejo Comunitario no influye para nada en lo que ocurre y hasta ocurrirá en Ciénaga. Es todo lo contrario: fue por lo que ha venido ocurriendo en Ciénaga, lo que ha ocasionado la venida del señor Presidente y de altos funcionarios del gobierno nacional. Debemos tener muy claro que tanto nuestros problemas como nuestras verdaderas soluciones tienen raíces aquí mismo: en el suelo de la sal de espuma. No debemos profesar la creencia de que nuestras crisis las resuelven los sempiternos salvadores que a la larga, terminan salvando nada. Recordemos que para que un pueblo sea perfectamente justo y feliz, nosotros (la gente), somos los que debemos cambiar y participar. Si queremos cambiar la vida de un pueblo que ha sido víctima de la mentira debemos ir más allá de las palabras bonitas. De los golpes de pecho. De los pomposos corazones con flores carmesí. Porque como dice el lapidario refrán: ‘sólo de buenas intensiones está empedrado el camino al Infierno’. No hay nada más fácil que “amar” a un municipio, a un departamento, a un país, en abstracto, sin la gente de carne y hueso, sobre todo, cuando queremos ponernos sublimes para quedar bien con todo el mundo y ganarnos sus aplausos. Después de todo, nadie ha visto a algo llamado “Doña Ciénaga” por alguna parte, tan cierto que no es posible que aparezca algún día para hacernos algún tipo de reclamaciones. Esta forma de mirar termina siendo uno de los síntomas clásicos del estilo de irresponsabilidad burocrática, aquel que nunca admite ni dimite, pase lo que pase. Que considera que no tiene que responder por nada porque son los del gobierno los que deben resolverlo todo.

Como si no entendiéramos el impacto que seguramente nos ocasionará el mega-puerto en las playas cienagueras, el señor Alcalde se quedó del todo mudo. Expectante. No tuvo tiempo de asesorarse para defender las regalías directas que corresponden por letra de la leyes a Ciénaga, permitiendo que hasta el mismo señor Presidente presentara el proyecto como si fuese una compasiva dádiva del actual gobierno del Distrito de Santa Marta.

La que terminó pagando los platos rotos fue la coordinadora del Centro Zonal del Bienestar Familiar en Ciénaga. Sin un debido proceso fue señalada por los funcionarios municipales y algunos miembros de la comunidad del incumplimiento en la entrega de la cantidad de desayunos escolares asignados a los niños escolares, y a la vez, rotundamente destituida como si estuviésemos bajo la más excelsa monarquía. En cambio, la flamante Directora Nacional de la misma institución parece que no la puede tocar nadie, aunque en varios programas televisivos le han sacado públicamente varios embrollos. Como el caso aquel de una funcionaria en Bogotá que cobraba platica a las personas por adelantar los procesos administrativos para la adoptación de niños.

El folclorismo corroe tanto como la corrupción. Creemos que todo se resuelve en la forma y no en el contenido. Con el lamento, con el corazón y el amor a flor de piel por Ciénaga. El Consejo Comunitario no debió asumirse como un muro de lamentaciones. Pudimos sacarle un mayor provecho. Sin embrago, se observó una ausencia de verdaderos asesores a cambio de los sempiternos lambiscones que nunca faltan. Porque es bien cierto que el burgomaestre no tiene porqué saberlo todo o hacerlo todo, dado que para eso existen otros funcionarios declarados como personas honestas y eficientes. Porque un Consejo Comunitario no es un bingo donde nos apuntamos para ganarnos una máquina que nos de masajes en la barriga para no tener que hacer flexiones con nuestro propio esfuerzo.

¡Ni un Solo Peso!

Escuché hace algunas semanas al dirigente comunitario José Algarín pronunciarse en contra de la propuesta del señor Alcalde de Santa Marta consistente en que la ciudad de Ciénaga tenía que compartir las regalías que se le asignen una vez se establezca en sus playas el sonado mega-puerto de carbón. Las razones del burgomaestre samario lucen demasiado elementales: Que se le aumentará el desempleo… que no tendrá dinero suficiente para la inversión social… etcétera. En fin, le mostró al señor Presidente de la República un futuro panorama desolador en el que a la hermosa “Perla de América” le lloverán las siete plagas de Egipto. Se lamentó tanto que un Ministro presente en el evento, para evitar el calvario del burgomaestre, recomendó una “forma salomónica” consistente en que se sentaran los dos alcaldes, solitos y cordialitos, el samario y el cienaguero, para acordar un arreglo que permita repartir las regalías del carbón, bajo la existencia de “un puerto para dos ciudades”, algo así como partir al bebé para que los dos queden contentos… aunque el “bebé se muera”… y es ahí cuando, como se dice en Antioquia, “la marrana tuerce el rabo”. Tal vez fue por eso que el líder comunitario manifestó en una emisora local la consigna de: “¡ni un solo peso pa’ Santa Marta!”.Qué bueno es saber ¿por qué, desde cuando Santa Marta ha tenido los puertos, no le ha ofrecido una “esquirlita” de las regalías a los habitantes de Ciénaga, un empobrecido municipio que recibe (acompañado con el de Pueblo Viejo) las aguas contaminadas del carbón de los puertos samarios por aquello del rumbo de las corrientes marítimas? O, ¿por qué no había pedido antes algún burgomaestre de la metrópoli samaria una parte de las regalías entregadas por Drummond y C.S.I. Mar Caribe como lo quieren hacer ahora que se habla de la construcción del mega-puerto en la ciudad salitrosa? Se contestaba el líder comunitario que los dirigentes de Santa Marta siempre han creído, por razones históricas, que todo lo de Ciénaga les pertenece. En este sentido, nuestra maltrecha historia está repleta de infinidad de hechos en los que todo indica que muchos cienagueros hemos admitido que se nos trate como si viviésemos en patio ajeno. Pero esto es harina de otro costal.¿Qué dicen las normas sobre este espinoso asunto?  Si nos atenemos a la letra de las leyes 141 de 1994 y 756 de 2002 nos llenaremos de razones jurídicas y técnicas para reclamar lo que nos pertenece. Allí explícitamente se reconocen los derechos de los municipios portuarios (artículo 360 de la Constitución Nacional), o sea, aquellos en cuya jurisdicción se hallen instalaciones construidas y operadas para el cargue habitual y descargue del carbón en embarcaciones. Sólo habrá lugar a la redistribución de las regalías correspondientes a los municipios portuarios marítimos cuando, por factores de índole ambiental o de impacto ecológico, se determine que el área de influencia directa del puerto comprende a varios municipios o departamentos. Cosa que curiosamente Santa Marta nunca consideró en tratándose de Ciénaga. Ni hubo, por desgracia, cienagueros que se manifestaran en este sentido.En todo caso, los derechos del municipio-puerto se preservan y sólo a éste se le entregará la totalidad de las regalías mientras no opere, como hemos dicho, el reconocimiento concertado de una redistribución. Además, cuando por primera vez se empieza a transportar por un municipio portuario los recursos naturales no renovables y sus derivados, la Comisión Nacional de Regalías, previo estudio y concepto del Ministerio de Minas y Energía, hará la respectiva distribución de las regalías y compensaciones causadas, de conformidad con los criterios del artículo 29 de la Ley 141 de 1994. Sin embargo, la Comisión establecerá si el área de influencia por el cargue y descargue de dichos recursos abarca otros municipios vecinos y en consecuencia, los tendrá como beneficiarios de la respectiva distribución. De tal manera que debemos estar bien atentos. La cosa se resuelve bajo fundamentos jurídicos y técnicos y no por los caprichos de nuestras castas gobernantes. El señor Alcalde de Ciénaga no debe sentarse en conciliábulos de ninguna naturaleza para negociar a espaldas de las normas (jurídicas y técnicas) y del pueblo que lo eligió. En principio compartimos el criterio del líder comunitario de “ni un solo peso pa’ Santa Marta”.

Los silencios de la democracia

 

Cuando uno se siente como ciudadano de un país reconoce como punto de partida la legitimidad de toda norma que impone un comportamiento admisible y aceptable por todos, es decir un comportamiento racional y razonable. En efecto, la letra de muchas Constituciones (por no decir de todas), y de algunas leyes, demanda a todo ciudadano una franca colaboración con el Estado, particularmente en aquellos casos como el denunciar a un criminal o a quien atente flagrantemente contra la seguridad social o política de una comunidad. Circunstancia ésta que parece obvia en aquellas democracias que cada día aspiran a transformar y mejorar sus instituciones en beneficio del bien común. Son aquellas democracias que entienden que las instituciones (la política en general) son medios para justificar el fin de la igualdad o de la equidad o de la prosperidad colectiva. Lo anterior hace justo la solidaridad y la colaboración de todo ciudadano con el buen funcionamiento del Estado en la administración de la justicia.

Pero en aquellas democracias donde sus funcionarios invierten el principio para entender que el fin justifica cualquier medio, no podemos los ciudadanos confundir la prudencia y la cordura con la resignación. No parece discutible que estemos dispuestos a combatir lo que detestamos pero sin destruir indiscriminadamente lo que ya hemos conseguido desde un par de siglos. Pasar sutilmente del cumplimiento de los deberes del ciudadano al pago de recompensas (que no es otra cosa que un ánimo de lucro) no sólo viola la Constitución Nacional sino que pone sobre el tapete la incompetencia del Estado, la insolidaridad o el temor y la desconfianza del ciudadano (por la notoria infiltración criminal de los órganos de represión y de control) ante las instituciones que lo representan. Eso de estimular al ciudadano al pago de grandes sumas para que por mano propia entregue  (¡vivo o muerto!) a cualquier delincuente, es un arma de doble filo que puede inducir a una consentida delincuencia paralela como un medio (en un país empobrecido) de enriquecimiento “lícito” que recuerda los azarosos tiempos del Oeste norteamericano. Se nos va infiltrando la tenebrosa ley del Talión o la ley salvaje del ‘se busca vivo o muerto’, por medio de las cuales el Estado implícitamente cede en parte el monopolio de la fuerza de la justicia y de las armas.

No todos los medios son válidos en una democracia para conseguir algún fin por loable que sea. No se puede violar, por ejemplo, la soberanía de un Estado en aras de cualquier justificación, ni pagar por la comisión de delitos o asesinatos a sangre fría en aras de la eficacia contra cualquier forma delincuencial o terrorista. Estas cosas no pueden ser auspiciadas por un Estado que se declare democrático y respetuoso de la Constitución y las leyes. A pesar de que en las acostumbradas encuestas que reemplazan a las sensatas opiniones, florezcan los aplausos. Aunque no compartamos la brutalidad criminal de las diferentes bandas de cualquier pelambre que pelechan en media Colombia, de quienes creen que con sus actos de barbarie o de terrorismo lograrán destruir todo lo que les venga en gana, no podemos responder tan radicalmente o con sus mismos métodos de manera que nos llevemos ‘de canto’ el régimen democrático que hemos venido construyendo con pena y dolor. Nuestros gobernantes no pueden mantener la Constitución y las leyes (nacionales e internacionales) en el bolsillo para sacarlas cuando conviene. El fanático por la guerra, cualquiera que ella sea, es un sepulturero de la historia cuya fuerza de voluntad lo delata en su debilidad. Es bien cierto que la democracia siempre tiene enemigos por todos los costados.

Amor de Lejos...

 

En mi reciente ensayo “El Círculo Cerrado” (2007) escribí un capítulo que intitulé igual a esta columna. Lo hice en aquel entonces para reafirmar que en la política también existe el llamado amor de lejos… tal como ocurre con el verdadero amor. Se trata de aquellos políticos que a toda hora se ponen la mano en el corazón por el amor que sienten por cualquier tamaño de patria pero que al evaluar lo que hacen o hicieron son un peripatético monumento a la desidia. Llegan y se van para que todo siga igual. Entre los síntomas de ese “amor de lejos” estaba el demostrativo de que “en noventa días del año el ente territorial cienaguero carece de gobernantes. Descuidando la naturaleza de “dedicación exclusiva”, propia de los altos cargos administrativos, los hemos escuchado decir que se “encuentran haciendo buen uso de sus días de descanso”, lógicamente, por fuera del ente territorial. La nada despreciable ausencia no contempla los días feriados o aquellos que han sido declarados días cívicos. Durante un significativo tiempo del año es bien cierto que el municipio funciona a la buena de Dios o, tal vez mejor: De la mano de la Comandancia de la Policía porque nuestros “pizpiretos” Alcaldes y demás altos funcionarios se comportan como si fuesen forasteros en su propia tierra.”. Todo esto sin contar a aquel fugaz Alcalde que no venía durante semanas para evitar, según sus palabras, que lo “presionaran” algunos honorables concejales.

En estos días he estado escuchando en los noticieros de Ciénaga a algunas personas quejándose porque la Administración Municipal decidió cerrar las puertas desde el viernes pasado para regresar puntualitos el próximo martes. Once días de veinticuatro horas estará el municipio sin autoridades civiles para que respondan por el ente territorial. Injustificable desde todo punto de vista. Muy mal ejemplo que no puede argumentarse con la excusa de que trabajarán a partir del martes unas horitas adicionales. ¿Acaso no teníamos conocimiento del carácter espiritual de nuestros funcionarios? ¿Estarán dedicados a la meditación profunda para que les vaya bien en el gobierno que apenas comienza? Porque no puedo creer que con dos meses de trabajo estén tan extenuados que se merezcan unas señoras vacaciones ¿Bastará con todo esto?

El alcalde ha sido claro cuando analógicamente ha manifestado que Ciénaga está gravemente enferma ¿Acaso salió en Semana Santa de la Unidad de Cuidados Intensivos? De ninguna manera. Los problemas estructurales no se resuelven y las necesidades básicas no se satisfacen con la primera receta médica. El paciente apenas da muestras de leve recuperación. El poblado requiere ciertamente de un esfuerzo supremo durante los próximos gobiernos. Esfuerzo de todos los días y de todas las noches. Laborales o no. Si no entendiésemos esto quiere decir que tampoco hemos entendido la dimensión del compromiso. ¿Qué clase de asesores tuvo en este caso el señor Alcalde? Y tampoco hemos entendido lo de la norma: El indisciplinado abandono, injustificado, de las funciones y del servicio. Aquí es cuando lo aparente devela la sustancia del asunto.

En dicho ensayo también manifesté: Para poder encauzarnos hacia un futuro mejor necesitamos cambiar lo que ha venido predominando dentro de nuestra idiosincrasia cultural. Deberemos desechar ciertos rasgos funestos para perseverar en otros que nos liberen del estatismo o el retroceso social. La mayor tentación de los que nos han esquilmado es la compasión, nunca la comprensión. Compasión por los terribles dolores del hombre, compasión que puede emponzoñarse plácidamente en la médula de ciertos creyentes. El haber ignorado la realidad por efecto del “folklorismo” nos ha conducido a callejones sin salida que no serán superados por la actuación de una sola persona o de un pequeño grupo. Tenemos que redimir muchos valores que se suponen perdidos, recomponer otros y, definitivamente descartar muchos estimulados por quienes hoy se lucran indebidamente de una conciencia individualista. ¿Qué podríamos esperar si nos contagia a todos la podredumbre reinante subrayada por el candor de la pureza de nuestros prohombres?

El ‘querer’ significa tomar conciencia para enfrentar toda clase de problemas y necesidades. Es cuando definimos propósitos, metas e ideales. Nadie logra prepararse si no realiza sus esfuerzos bajo una rigurosa disciplina, si no observa con perfecta claridad lo que se propone. Querer algo quiere decir que queremos lo que es preciso. Que nos dotamos de los hombres y de las mujeres para la realización de una gran empresa. Cuando sólo ‘deseamos’, terminaremos deleitándonos con la fantasía, embriagándonos con proyectos imaginativos, para terminar perdidos en los vagos ardores del momento, las bullarangas, las efervescencias. En una sola palabra: querer algo o a alguien es apasionarse con ese algo o con ese alguien… De manera fría. Sin hervor, sin frenesí y sin calentura.

Acotaciones de M. Contreras

Es común que cualquier columnista tenga aceptación o rechazo por las cosas que uno dice o que no dice. Pero no sólo existen estos dos polos sino también aquel que comenta juiciosamente lo que uno dice. Son los que aportan cosas que muchas veces no tuvimos en cuenta al hacer nuestros escritos. Son personas que bien podrían ocupar con lujo de detalles el espacio que ocupamos en ésta pagina. Por tal razón he decidido publicar en esta columna las acotaciones de uno de ellos. Veamos: “En esta nota tuya en la que criticas la feria permanente en que se ha convertido la plaza de Ciénaga... hablas de  anomia, esa enfermedad de la estructura social descrita por Merton como una incapacidad para entender los signos de operación de una cultura dada. Después llegaron los críticos y se preguntaron si el problema era de la estructura o era de la función social y apareció Parsons con su galimatías  de la "teoría de la estructura de la acción social". No sé si ello sea anomia o cualquier otra cosa pero veo que el problema no se reduce solamente a Ciénaga, esa amable ciudad de casonas blancas, sino una endemia nacional que afecta a todos. Algunos historiadores han dado en afirmar que el proceso de aculturación tiene mucho que ver con estos males o esas ventajas comparativas que algunas sociedades suelen adquirir. Y como ejemplo del fracaso de Occidente en ese empeño señalan el caso de la India, en donde a pesar de todo el tiempo que los ingleses pasaron allí al marcharse ni siquiera habían logrado dejar los atisbos de una sociedad menos atroz de la que habían hallado a su llegada. Por el contrario, esas diferencias fueron acentuadas y profundizadas (en donde fue posible) con el propósito deliberado de facilitar el trabajo del colonizador. De allí que Calcuta, Mombay o new Delhi no se parecen a Londres, Liverpool o Cambridge. En este caso el contraste es insultante, porque mientras el capitán inglés se sentaba a tomar el té con galletas de vainilla, en vajilla de plata, ese mismo té era servido por individuos que no tenían ninguna relación con quienes estaban en la mesa, salvo la de vasallos. Eran los extranjeros enseñando a los cultivadores del té cómo se degusta la bebida. Algo así como si mañana llegaran rusos a Ciénaga a enseñar a los cienagueros cómo se come mango de azúcar sin permitirles sentarse a la mesa.Pero el mismo proceso se produjo entre nosotros con una variante y es que en el caso colombiano los colonos no trajeron buenas costumbres y las dejaron todas en Colombia. Porque tengo la sospecha que todos los españoles que llegaron a lo que hoy es Colombia eran gitanos, mi única discrepancia con los gitanos radica en el hecho de que este pueblo tiene la dificultad de que no obedece leyes que ellos no hayan establecido. Esto que parece anecdótico  tiene su mejor expresión en una respuesta que le atribuyen a Tirofijo en los días felices de El Caguán, cuando alguien le hizo ver que las prácticas de secuestrar civiles estaban contra lo establecido en las convenciones de Ginebra. Cuentan que el hombre dijo: “Como a mí nadie me invitó para que firmara eso, no tengo por qué obedecerlo”. Más que una respuesta ingeniosa, es típicamente gitana. Esto serviría para explicar por qué se arma la barahúnda de la plaza de Ciénaga, sin que nadie intervenga, porque los que gobiernan o ejercen liderazgo no quieren enfrentarse a la hojarasca que cubre la plaza, unas veces por cálculo electoral y en otras por pura indolencia.Es probable que mi visión de los problemas colombianos sean resultado de mi impaciencia con el chamboneo por parte del Estado. Mientras los colonos que llegaron a Virginia lo primero que hicieron fue tratar de establecer una sociedad en la cual todos los hombres tenían los mismos derechos, los españoles que llegaron a nuestras playas lo primero que hicieron fue organizar un sistema en el cual se cuidaron de introducir desigualdades que hicieran posible el dominio de unos pocos sobre la mayoría. Y como sabes por haberlo leído en la escuela de bachillerato, la ruptura política de las colonias con la metrópoli no fue por cuestiones profundas de honor nacional sino simple y llanamente porque los criollos no tenían empleos en el gobierno ¿Te das cuenta que el problema ha sido siempre por la burocracia?En cambio cuando los colonos de América del norte lanzaron los bultos de té a la bahía de Boston lo hicieron para protestar contra los impuestos y las exacciones de La Corona. Los colonos redactan una declaración de independencia que es una ruptura y hay alguien como John Hancock que firma de primero y se toma un inmenso espacio. Sus coetáneos y compañeros de firma se lo atribuyeron a vanidad pero él tenia una explicación más pedestre, era para que el Rey George que tenía muy mala vista, pudiera ver bien quien firmaba.Visto así parecería que no tiene importancia alguna pero sí la tiene cuando descubrimos que no hay detrás de las decisiones políticas de esas colonias la decisión de crear algo nuevo que rompa con el pasado. Tanto es así que hasta entrados los años 70s las escuelas de leyes enseñaban una materia que se llamaba Derecho Español e Indiano, que era la legislación de Indias que había introducido la Casa de Contratación de Sevilla con la finalidad de regular las materias atinentes a derechos y obligaciones de los súbditos. Y lo que realmente es doloroso es que aún hoy no hay una visión de conjunto del país, al menos que yo haya leído, es probable que exista y no lo haya visto. La única alternativa que veo es la de la gente joven que finalmente decida cumplir el rol al que están llamados y en eso individuos como tú que tienen mucho que hacer. Tú tienes la ventaja de ser un intelectual y también alguien que divulga conocimientos.Aquí sí tenemos que volver sobre un tema viejo que ahora ha sido puesto de moda: No hay lugar para hombres viejos; esto lo han traído de regreso con una reciente película que ha ganado un premio. Pero la idea literal es vieja y recuerdo haberla leído cuando era muy joven en la novela "La Hora 25" del escritor rumano Virgil Georghiu, creo así era el apellido. Te digo que debe ser una tarea para jóvenes no por excluyente sino porque los viejos demostraron (o demostramos) que no fueron capaces de hacer el mandado. Sigue adelante porque sin disciplina social no hay desarrollo.”.

Cháchara nada más

Parece tener razón Fernando Vallejo cuando se ha sentido sin patria. Porque lo de la patria es primariamente la gente… la misma gente con que cohabitamos. Tenemos abundantes y hermosos recursos naturales (aunque cada vez más empodrecidos), pero ¿De la gente qué? En esto es donde “la marrana tuerce el rabo”… y bien torcidito. Bastaría con mirar los últimos y escandalosos acontecimientos en Colombia para uno darse cuenta de la clase de gente que tenemos. Los grandes medios nacionales de comunicación social “tiraron” sus encuestas donde el resultado es el mismo de siempre: El pueblo colombiano apoya a Uribe en todo lo que haga. Primero Uribe, segundo Uribe y tercero Uribe. Y todo es todo, sin tener ninguna referencia normativa o política. Es como si fuese el “Santo Patrón” de los colombianos. Las encuestas realizadas le dan más de un noventa por ciento de favoritismo ante los dos indeseables vecinos que son declarados “amigos” de las FARC. Por lo tanto, con la política de Seguridad Democrática se puede hacer lo que se quiera, como invadir a un país vecino en aras de masacrar a un criminal guerrillero. Incluso entrar y rescatarlo para mostrarse como cualquier trofeo de guerra. De lo que se trata es del respeto de las normas y principios que regulan las relaciones internacionales y de los cuales Colombia es uno de los países subscriptores. Ahora viene la excusa ante Ecuador… Que si te dije que si no te dije… que si un fúsil alcanza a más de dos kilómetros con una selva espesa de por medio… que si entramos “en caliente”, “en defensa propia”, que si el bombardeo aéreo fue desde Colombia o desde ocho kilómetros dentro del Ecuador, en fin, todas las trapisondas de parte y parte que venimos escuchando. Todo para dar de baja a unos de los guerrilleros más peligrosos del mundo.
¿Se acabará la guerrilla de las FARC? ¿Es el comienzo del fin? Simplemente recuerdo que cuando mataron a Pablo Escobar todo el mundo dijo que era la desaparición del narcotráfico. Antes se había dado de baja a Rodríguez Gacha. Después capturaron a los Rodríguez Orejuela, los Ochoa y a otros tantos narcotraficantes. Y Colombia hoy sigue siendo el primer exportador de cocaína en el mundo. Habrá que tomar, pues, con moderación realista el asunto. Fue indudablemente un éxito de la Seguridad Democrática pero falta mucho terreno para cantar victoria. A “Reyes” lo reemplazará otro igual de fanático y de patibulario... Es cosa de mucho tiempo entonces acabar con una organización que se ha dedicado a maltratar al pueblo colombiano con toda clase de vejámenes posibles por más de cuarenta años ¿Qué pasará mientras tanto con los hombres y mujeres tristemente secuestrados? ¿Cuánto tiempo más duraran pudriéndose en las mazmorras de la selva?
Por el otro lado nos encontramos con la puntiaguda lengua del Presidente venezolano. Maltrata a todo aquel que considera atravesado a su proyecto expansionista. Prepotente y grosero. Desaforado y calenturiento. Le cabe sin lugar a dudas toda clase de adjetivos pero aún así considero que no todo lo que dice necesariamente es falso. Su obnubilada y prepotencial figura lo hace creerse heredero legítimo de Bolívar y de Castro. Pero su fantasiosa grandilocuencia no nos puede poner a los colombianos a comprimir debajo de la alfombra toda la ropa sucia que tenemos. Se le licua a uno la piel cuando oímos las tenebrosas confesiones sobre los horrendos crímenes realizados por los paramilitares. El mismo Jack “El Destripador”, si estuviese vivo, sin dudarlo vendría a Colombia para hacer un postgrado en desmembramiento humano. Sin embargo, es sorprendente que el excéntrico Rasputín del gobierno nacional, llamado cariñosamente en los medios de comunicación simplemente como José Obdulio, descalifique la marcha de y por los dolidos familiares de los desaparecidos y de los asesinados. De las familias enteras que han sido desplazadas ¡Qué patria esta la que todos tenemos! Ahora los adoradores del dios Marte nos preparan para una guerra insulsa. El panorama no puede ser más fiero. Lo malo de nuestro tiempo no es la reverberarte estupidez, puesto que siempre ha existido; Lo malo es que hoy la estupidez “piensa”. Cada nación se burla u ofende a las otras y todas predican “tener” la razón. Todo indica que una vez más, el Presidente Chávez y las guerrillas de las FARC harán de nuevo Presidente a Uribe. Hecatombe es… hecatombe.