¡Ni un Solo Peso!
Escuché hace algunas semanas al dirigente comunitario José Algarín pronunciarse en contra de la propuesta del señor Alcalde de Santa Marta consistente en que la ciudad de Ciénaga tenía que compartir las regalías que se le asignen una vez se establezca en sus playas el sonado mega-puerto de carbón. Las razones del burgomaestre samario lucen demasiado elementales: Que se le aumentará el desempleo… que no tendrá dinero suficiente para la inversión social… etcétera. En fin, le mostró al señor Presidente de la República un futuro panorama desolador en el que a la hermosa “Perla de América” le lloverán las siete plagas de Egipto. Se lamentó tanto que un Ministro presente en el evento, para evitar el calvario del burgomaestre, recomendó una “forma salomónica” consistente en que se sentaran los dos alcaldes, solitos y cordialitos, el samario y el cienaguero, para acordar un arreglo que permita repartir las regalías del carbón, bajo la existencia de “un puerto para dos ciudades”, algo así como partir al bebé para que los dos queden contentos… aunque el “bebé se muera”… y es ahí cuando, como se dice en Antioquia, “la marrana tuerce el rabo”. Tal vez fue por eso que el líder comunitario manifestó en una emisora local la consigna de: “¡ni un solo peso pa’ Santa Marta!”.Qué bueno es saber ¿por qué, desde cuando Santa Marta ha tenido los puertos, no le ha ofrecido una “esquirlita” de las regalías a los habitantes de Ciénaga, un empobrecido municipio que recibe (acompañado con el de Pueblo Viejo) las aguas contaminadas del carbón de los puertos samarios por aquello del rumbo de las corrientes marítimas? O, ¿por qué no había pedido antes algún burgomaestre de la metrópoli samaria una parte de las regalías entregadas por Drummond y C.S.I. Mar Caribe como lo quieren hacer ahora que se habla de la construcción del mega-puerto en la ciudad salitrosa? Se contestaba el líder comunitario que los dirigentes de Santa Marta siempre han creído, por razones históricas, que todo lo de Ciénaga les pertenece. En este sentido, nuestra maltrecha historia está repleta de infinidad de hechos en los que todo indica que muchos cienagueros hemos admitido que se nos trate como si viviésemos en patio ajeno. Pero esto es harina de otro costal.¿Qué dicen las normas sobre este espinoso asunto? Si nos atenemos a la letra de las leyes 141 de 1994 y 756 de 2002 nos llenaremos de razones jurídicas y técnicas para reclamar lo que nos pertenece. Allí explícitamente se reconocen los derechos de los municipios portuarios (artículo 360 de la Constitución Nacional), o sea, aquellos en cuya jurisdicción se hallen instalaciones construidas y operadas para el cargue habitual y descargue del carbón en embarcaciones. Sólo habrá lugar a la redistribución de las regalías correspondientes a los municipios portuarios marítimos cuando, por factores de índole ambiental o de impacto ecológico, se determine que el área de influencia directa del puerto comprende a varios municipios o departamentos. Cosa que curiosamente Santa Marta nunca consideró en tratándose de Ciénaga. Ni hubo, por desgracia, cienagueros que se manifestaran en este sentido.En todo caso, los derechos del municipio-puerto se preservan y sólo a éste se le entregará la totalidad de las regalías mientras no opere, como hemos dicho, el reconocimiento concertado de una redistribución. Además, cuando por primera vez se empieza a transportar por un municipio portuario los recursos naturales no renovables y sus derivados, la Comisión Nacional de Regalías, previo estudio y concepto del Ministerio de Minas y Energía, hará la respectiva distribución de las regalías y compensaciones causadas, de conformidad con los criterios del artículo 29 de la Ley 141 de 1994. Sin embargo, la Comisión establecerá si el área de influencia por el cargue y descargue de dichos recursos abarca otros municipios vecinos y en consecuencia, los tendrá como beneficiarios de la respectiva distribución. De tal manera que debemos estar bien atentos. La cosa se resuelve bajo fundamentos jurídicos y técnicos y no por los caprichos de nuestras castas gobernantes. El señor Alcalde de Ciénaga no debe sentarse en conciliábulos de ninguna naturaleza para negociar a espaldas de las normas (jurídicas y técnicas) y del pueblo que lo eligió. En principio compartimos el criterio del líder comunitario de “ni un solo peso pa’ Santa Marta”.
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