Acotaciones de M. Contreras
Es común que cualquier columnista tenga aceptación o rechazo por las cosas que uno dice o que no dice. Pero no sólo existen estos dos polos sino también aquel que comenta juiciosamente lo que uno dice. Son los que aportan cosas que muchas veces no tuvimos en cuenta al hacer nuestros escritos. Son personas que bien podrían ocupar con lujo de detalles el espacio que ocupamos en ésta pagina. Por tal razón he decidido publicar en esta columna las acotaciones de uno de ellos. Veamos: “En esta nota tuya en la que criticas la feria permanente en que se ha convertido la plaza de Ciénaga... hablas de anomia, esa enfermedad de la estructura social descrita por Merton como una incapacidad para entender los signos de operación de una cultura dada. Después llegaron los críticos y se preguntaron si el problema era de la estructura o era de la función social y apareció Parsons con su galimatías de la "teoría de la estructura de la acción social". No sé si ello sea anomia o cualquier otra cosa pero veo que el problema no se reduce solamente a Ciénaga, esa amable ciudad de casonas blancas, sino una endemia nacional que afecta a todos. Algunos historiadores han dado en afirmar que el proceso de aculturación tiene mucho que ver con estos males o esas ventajas comparativas que algunas sociedades suelen adquirir. Y como ejemplo del fracaso de Occidente en ese empeño señalan el caso de la India, en donde a pesar de todo el tiempo que los ingleses pasaron allí al marcharse ni siquiera habían logrado dejar los atisbos de una sociedad menos atroz de la que habían hallado a su llegada. Por el contrario, esas diferencias fueron acentuadas y profundizadas (en donde fue posible) con el propósito deliberado de facilitar el trabajo del colonizador. De allí que Calcuta, Mombay o new Delhi no se parecen a Londres, Liverpool o Cambridge. En este caso el contraste es insultante, porque mientras el capitán inglés se sentaba a tomar el té con galletas de vainilla, en vajilla de plata, ese mismo té era servido por individuos que no tenían ninguna relación con quienes estaban en la mesa, salvo la de vasallos. Eran los extranjeros enseñando a los cultivadores del té cómo se degusta la bebida. Algo así como si mañana llegaran rusos a Ciénaga a enseñar a los cienagueros cómo se come mango de azúcar sin permitirles sentarse a la mesa.Pero el mismo proceso se produjo entre nosotros con una variante y es que en el caso colombiano los colonos no trajeron buenas costumbres y las dejaron todas en Colombia. Porque tengo la sospecha que todos los españoles que llegaron a lo que hoy es Colombia eran gitanos, mi única discrepancia con los gitanos radica en el hecho de que este pueblo tiene la dificultad de que no obedece leyes que ellos no hayan establecido. Esto que parece anecdótico tiene su mejor expresión en una respuesta que le atribuyen a Tirofijo en los días felices de El Caguán, cuando alguien le hizo ver que las prácticas de secuestrar civiles estaban contra lo establecido en las convenciones de Ginebra. Cuentan que el hombre dijo: “Como a mí nadie me invitó para que firmara eso, no tengo por qué obedecerlo”. Más que una respuesta ingeniosa, es típicamente gitana. Esto serviría para explicar por qué se arma la barahúnda de la plaza de Ciénaga, sin que nadie intervenga, porque los que gobiernan o ejercen liderazgo no quieren enfrentarse a la hojarasca que cubre la plaza, unas veces por cálculo electoral y en otras por pura indolencia.Es probable que mi visión de los problemas colombianos sean resultado de mi impaciencia con el chamboneo por parte del Estado. Mientras los colonos que llegaron a Virginia lo primero que hicieron fue tratar de establecer una sociedad en la cual todos los hombres tenían los mismos derechos, los españoles que llegaron a nuestras playas lo primero que hicieron fue organizar un sistema en el cual se cuidaron de introducir desigualdades que hicieran posible el dominio de unos pocos sobre la mayoría. Y como sabes por haberlo leído en la escuela de bachillerato, la ruptura política de las colonias con la metrópoli no fue por cuestiones profundas de honor nacional sino simple y llanamente porque los criollos no tenían empleos en el gobierno ¿Te das cuenta que el problema ha sido siempre por la burocracia?En cambio cuando los colonos de América del norte lanzaron los bultos de té a la bahía de Boston lo hicieron para protestar contra los impuestos y las exacciones de La Corona. Los colonos redactan una declaración de independencia que es una ruptura y hay alguien como John Hancock que firma de primero y se toma un inmenso espacio. Sus coetáneos y compañeros de firma se lo atribuyeron a vanidad pero él tenia una explicación más pedestre, era para que el Rey George que tenía muy mala vista, pudiera ver bien quien firmaba.Visto así parecería que no tiene importancia alguna pero sí la tiene cuando descubrimos que no hay detrás de las decisiones políticas de esas colonias la decisión de crear algo nuevo que rompa con el pasado. Tanto es así que hasta entrados los años 70s las escuelas de leyes enseñaban una materia que se llamaba Derecho Español e Indiano, que era la legislación de Indias que había introducido la Casa de Contratación de Sevilla con la finalidad de regular las materias atinentes a derechos y obligaciones de los súbditos. Y lo que realmente es doloroso es que aún hoy no hay una visión de conjunto del país, al menos que yo haya leído, es probable que exista y no lo haya visto. La única alternativa que veo es la de la gente joven que finalmente decida cumplir el rol al que están llamados y en eso individuos como tú que tienen mucho que hacer. Tú tienes la ventaja de ser un intelectual y también alguien que divulga conocimientos.Aquí sí tenemos que volver sobre un tema viejo que ahora ha sido puesto de moda: No hay lugar para hombres viejos; esto lo han traído de regreso con una reciente película que ha ganado un premio. Pero la idea literal es vieja y recuerdo haberla leído cuando era muy joven en la novela "La Hora 25" del escritor rumano Virgil Georghiu, creo así era el apellido. Te digo que debe ser una tarea para jóvenes no por excluyente sino porque los viejos demostraron (o demostramos) que no fueron capaces de hacer el mandado. Sigue adelante porque sin disciplina social no hay desarrollo.”.
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