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Carlos Payares González

La siniestra memoria oficial

La siniestra memoria oficial

 

Lo ocurrido el 6 de diciembre de 1928 en la Estación de Ciénaga fue uno de los hechos más significativos en la historia de Colombia. El tema aún sigue siendo discutido por diferentes actores según la postura ideológica que se disponga para contemplar los intereses que estuvieron allí en juego. Para desgracia de los trabajadores, los hechos ocurridos durante la huelga y masacre de las bananeras siguen siendo intervenidos por la mano invisible de una historiografía oficial. En el momento de escribir esta columna algunos periódicos nos informan que la Gobernación del Magdalena, acompañada por ciertas alcaldías municipales, organizará los actos conmemorativos de los 80 años de la huelga y masacre de las bananeras. En cambio, se torna nebuloso que los sindicatos y los partidos políticos democráticos y de izquierda guarden ante las circunstancias una lúgubre motivación, similar al mismo silencio que se le viene dando en las instituciones educativas de nuestro aparato escolar. Ni siquiera en aquellos pueblos que fueron escenarios vivientes de la huelga y la masacre se les inculca a los jóvenes el encomiable rasgo de identidad de los mozos del banano al enfrentarse con dignidad a los atropellos cometidos por la United Fruit Company y el Estado Colombiano.

Muchos intereses aún quieren expulsar de la memoria colectiva los funestos hechos acaecidos en la zona bananera. Así mismo, excluir los importantes aportes de un significativo número de historiadores comprometidos con develar los hechos y protagonistas que han sido intencionalmente “tachonados” en cualquier baúl de los olvidos. Siempre ha sido así: primero brota el estupor y el silencio, luego la mordaza y la siniestra crítica saponificante con el propósito de desaparecer o mutar los hechos. Tal como cuando Pedro de Aguado intentó extirpar los nombres de los asesinos de don Rodrigo de Bastidas en su escrito La Relación Historial. Es nota común que detrás de todo acto bárbaro germine un silencio encubridor por parte de aquellos que se saben responsables… ¿Cuántos silencios han sido impuestos y cuántos laureles se han colocado en las frentes equivocadas? ¿Cuántos intentos hacen a diario los cosmetólogos de la historia para maquillar el pasado y el presente para adaptarlo a las necesidades de los grupos dominantes, para hablarnos siempre de las virtudes de los prohombres y de las caras bonitas de las cosas…?

Los hechos son presentados por la historiografía oficial preñados de admiración por la vida de los poderosos. Es cuando se pregona la anticuaria idea de que todo tiempo pasado fue mejor. Se escuchan loas a la madre España y… a la United Fruit Company. Es cuando los homéricos muertos sepultan a los que estamos vivos. Es cuando todo lo pequeño o decrépito o anticuado recibe del poder una apreciación monumental por el hecho de preservar rancios olores del pasado. Tal vez por eso Nietzsche manifestó que en veces es bueno olvidar para no atormentarnos por los grilletes de un pasado mohoso… un pasado que nos venden los intelectuales burócratas como cualquier baratija de mercado.

Los desposeídos no tienen formalmente un pasado porque su memoria ha sido esterilizada por la retórica oficial y la estolidez de quienes dicen representarlos. Quienes desconocen el pasado seguramente piensan que los próximos diez o veinte o treinta años la vida les será grata. Tal como se lo han prometido los embusteros del establecimiento. Aquí es donde caben los terribles versos de John Dryden: Y de las heces de la vida recibir esperan /And from the dregs of life hope to receive/ Lo que la primera vivaz carrera dar no pudo/What the first springhtly runnig could not give.

Lo cierto es que el pasado y el presente actúan como una misma cosa… el pasado está y estará siempre entre nosotros. Surge, se desvanece, para de nuevo surgir. De no haber sido por los modernos historiadores, muchos hombres y mujeres hubiesen quedado sin saber qué les ocurrió a los humildes trabajadores de la zona bananera. Ni quiénes fueron sus naturales verdugos.

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