El círculo del mesianismo
Con bombos y platillos acaba de aprobarse el Plan de Desarrollo del Municipio de Ciénaga, un procedimiento ritual que cada cuatro años realiza el “honorable” Concejo Municipal, pero que en las más de las veces termina siendo pura letra muerta, porque los “ilustres” gobernantes de turno actúan más de una manera “coyunturalista” que de cualquier forma de planificación estratégica. De esta manera, la pletórica “carta de navegación” resulta siendo una carta de anaquel o una “carta de naufragio”. Mientras tanto, el municipio de la sal de espuma continúa bajo una estadística aterradora en lo que tiene que ver con su desarrollo y progreso social, lo que me hace pensar que más que un Plan, lo que Ciénaga necesita es de buenos gobernantes. Y eso no lo ofrece o “aprueba” el “honorable” Concejo Municipal, ni podemos comprarlo en boticas.
Lo que deseamos es que el municipio esté en manos de hombres y mujeres con transparencia, capacidad y un alto sentido de servicio por los más necesitados. Tarea que no es nada fácil, dado que algunos de los que aspiran a gobernar por medio de las elecciones nos “venden” una imagen de ser gente común y corriente, muy buenos amigos, muy serios, muy humanos y hasta muy simpáticos. Después, con el correr del tiempo, nos vamos dando cuenta que muchas veces no son tan honrados ni tan competentes como parecían. Es decir, en esto de la política existe gente decente pero también aprovechada.
Aunque los planes son una ayuda importante, quienes gobiernan son hombres y mujeres de carne y hueso. Y cuando estos actúan como funcionarios, deben elegir lo que van a hacer con conocimiento, imaginación y decisión en el campo de las cosas posibles. Sabemos que cuando el funcionario carece de una visión político-administrativa, se vicia su capacidad de actuación. No se trata de decir por decir y de hacer por hacer cosas. Cuando así se gobierna, vivimos siempre bajo la amenaza de la incertidumbre: actúan con lo poco que saben pero no saben a ciencia cierta las consecuencias de su actuación. Son entonces aquellos que prometen para no cumplir, porque en la realidad de las cosas no es posible cumplir. Son los esmerados demagogos y populistas que deambulan sobre el terreno del azar y de lo imprevisible. El gobernante responsable es aquel que responde “para qué” y “por qué” desea hacer tal o cual cosa.
¿Para dónde va el gobierno de Ciénaga? Creo que esta es una pregunta crucial para saber a qué atenernos (sobre todo los que vivimos en Ciénaga) sobre lo que puede hacer el gobierno del doctor Gastelbondo y su flamante primera dama. ¿Cuál es su voluntad de futuro? De lo que se trata es de expresar públicamente cuáles son los elementos racionales e ideológicos que le sirven de fundamento al deseo. Porque lo que oímos a cada rato son deseos y “buenas intenciones”, pero nada más. ¿Para qué y para quién se harán las cosas que se prometen? Es bien cierto que no para todo el mundo el querer “soñar” significa el poder para resolver los problemas y satisfacer las necesidades. ¿Cuántas veces el “honorable” Concejo Municipal de Ciénaga ha aprobado “lo bueno” para terminar en pos de lo peor? No hay amor sin pruebas de amor.
Podría decir también que no hay participación ciudadana en el destino de su municipio sin pruebas de participación. No es nada deseable que un Alcalde se crea que solo debe hacer las cosas que todos debemos hacer. Es entonces cuando el Alcalde suele endiosarse para justificar su admiración, veneración y obedecimiento. No hay nada más peligroso e humillante, por humano que sea, que la pretensión de admitir que a aquellos que obedecemos son más que el resto de los humanos o que encarnan algo por encima de los demás. Prefiero reconocer que el Estado y los gobiernos son para servir a la comunidad y no de manera contraria. Lo malo es que los elegidos por los ciudadanos para ayudar a resolver nuestros entuertos desde la administración pública (sus sueldos son pagados por todos nosotros), muestran una evidente tendencia a olvidar que son unos “mandados” para convertirse en especialistas en mandar, incluso, como si fuesen extranjeros en su propia tierra. Es cuando se vuelven impermeables a las críticas y al control de los ciudadanos. Hacen lo que les viene en gana. Los hechos parecen estar indicando que en la ciudad de Ciénaga cada vez más emerge esta circunstancia.
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