Blogia
Carlos Payares González

La muerte de Pedro Antonio

El señor ‘Manuel Marulanda Vélez’ (su nombre era Pedro Antonio Marín Marín) falleció el pasado 26 de marzo de muerte natural. El guerrillero más añejo de Colombia, del Mundo y del Universo, murió de achaques propios de la vejez y de la aburrición. Según el grupo guerrillero, un infarto fulminante de miocardio terminó con la vida del octogenario combatiente después de andar metido una eternidad en el monte. El hecho ha llevado a pensar a algunos advenedizos politólogos que su muerte simboliza el fracaso definitivo de la guerrilla por no haber logrado tomarse el poder en Colombia. No obstante, también es cierto que han pasado catorce presidentes que no fueron capaces de poner en buen recaudo o ‘darle de baja’ al legendario guerrillero. Lo que lleva a pensar que su muerte también simboliza la ineptitud del Estado para enfrentar a uno de los más tenebrosos males sufrido por los colombianos. El mensaje en el interior de las FARC (excepto en el caso ‘Reyes’) parece ser el de que los guerrilleros que están en la cúpula del grupo insurgente se mueren de ancianos, como ocurrió hace años con Jacobo Arenas y ahora con ‘Manuel Marulanda’.

Después que la guerrilla logró aliarse estratégicamente con el narcotráfico para financiarse con el comercio de la droga, su panorama político-militar cambió de una manera dramática. El declarado propósito de una revolución social desapareció paulatinamente de su discurso. Se dio paso a un poderoso aparato militar, cuya lógica prevalente ha sido la de la guerra y el terrorismo. Pensar que al asumir el mando de las FARC el señor ‘Alfonso Cano’ (su nombre es Guillermo León Sáenz) se ofrece una perspectiva favorable para la paz, es pensar con el corazón. Las satisfacciones parciales de la política de la seguridad democrática, por parte del Estado, no pueden convertirse de la noche a la mañana en un definitivo triunfo. La muerte de ‘Marulanda’ no es la muerte de las FARC. Ejemplos cunden en Colombia como son los del narcotráfico y del paramilitarismo: han sido declarados varias veces ‘muertos’, pero todos sabemos que aún viven coleando. Nada crucial debe pasar en una máquina hecha para guerrear, secuestrar, vacunar y masacrar. Un grupo con las características señaladas no se va a manejar a punta de ‘filosofía’, como suponen algunos idiotas de la política. Como lo ha dicho en una entrevista el General, Manuel Bonett Locarno: “Lo que murió fue el símbolo de la guerrilla, pero en el plano militar, todo seguirá igual”. Piensa el retirado militar que lo político y lo militar en las FARC “están metidos en la misma mochila”. Por eso el excomandante de las Fuerzas Armadas de Colombia cree que no habrá cambios significativos en la conducción del grupo guerrillero.

Y es que eso de seguir creyendo que la guerrilla colombiana responde a cánones de la guerra de guerrillas de antaño, es una grave apreciación. Pensar que existen, en el alto mando de las FARC, dos tendencias (la política y la militar) es pensar más con el deseo. También muchas ganas de hacer protagonismo. En dicha organización el fusil no está bajo el mando de la política ni de la filosofía, sino todo lo contrario. Aunque en efecto se ha golpeado hoy más que nunca a las FARC, la salida del Estado debe seguir siendo la de la paz negociada. Sobre todo cuando se trata de proteger la vida de cientos de secuestrados que están en manos del terrible aparato armado que los martiriza. Hablar de victoria antes de la hora suena a arrebato triunfalista que puede terminar castrando cualquier negociación humanitaria. O de la paz. A propósito: ¿Cuál de las dos tendencias es la que predomina en el Gobierno?

Sería bueno conocer a ciencia cierta, ¿hasta dónde el comandante ‘Marulanda Vélez’ determinaba las decisiones del alto mando de las FARC en los últimos años? Es posible que la muerte del guerrillero afecte al grupo emocionalmente, tanto así que los mismos guerrilleros parecen no creer en que sus jefes se morirán algún día (se demoraron dos meses para reconocer el hecho), pero habrá que esperar a que nos pase el tiempo para ver si en verdad existen otros efectos significativos para terminar con esta guerra que nos atormenta.

Entre otras: ¿Para qué quiere el señor Ministro de la Defensa que se haga autopsia al cadáver del guerrillero? ¡Oh… bendita seas vanidad guerrerista!

0 comentarios